El mercado del Aceite de Oliva en México
México consume todavía poco aceite de oliva en comparación con otros aceites vegetales, pero España ocupa una posición extraordinariamente dominante: aporta cerca del 87 % de las importaciones. Esta fortaleza, sin embargo, también plantea una dificultad para las nuevas marcas españolas, que deben competir en un mercado maduro, concentrado y con operadores muy consolidados.
México reúne algunas características especialmente atractivas para los productores españoles de aceite de oliva. Cuenta con más de 130 millones de habitantes, una importante concentración urbana y una creciente familiaridad con la gastronomía española y mediterránea.
Sin embargo, el tamaño de la población puede conducir a una conclusión equivocada. El aceite de oliva sigue siendo minoritario dentro de la cesta de aceites comestibles y su consumo se concentra principalmente entre consumidores urbanos con mayor capacidad adquisitiva.
Por eso, más que preguntarnos si México es un mercado grande, resulta más útil analizar qué espacio puede encontrar un AOVE español que quiera competir mediante calidad, origen, presentación y marca.
El aceite de oliva gana terreno en un mercado dominado por otros aceites
Según la ficha sectorial publicada por ICEX en 2025, durante 2024 se vendieron en México 14,7 millones de litros de aceite de oliva, un 1,4 % más que el año anterior.
| Año | Mercado de aceite de oliva |
|---|---|
| 2020 | 13,6 millones de litros |
| 2021 | 13,9 millones de litros |
| 2022 | 14,2 millones de litros |
| 2023 | 14,5 millones de litros |
| 2024 | 14,7 millones de litros |
Aunque el crecimiento es moderado, resulta significativo porque el aceite de oliva avanzó mientras otras categorías, como la canola o la soja, perdían volumen.
En 2024 representó aproximadamente el 1,8 % del volumen de los aceites comestibles vendidos en México, pero el 8,8 % de su valor. La diferencia refleja claramente su posicionamiento: se consume mucho menos que otros aceites vegetales, pero se comercializa a precios considerablemente superiores.
El consumo medio continúa siendo reducido, alrededor de 0,1 litros por habitante y año. Entre las razones se encuentran su escasa integración histórica en la cocina doméstica mexicana y la importante diferencia de precio frente a otros aceites vegetales.
No obstante, el conocimiento de sus aplicaciones culinarias y de sus características nutricionales ha aumentado, acompañado por una mayor presencia de la cocina española y mediterránea.
España concentra casi nueve de cada diez dólares importados
La característica más llamativa del mercado mexicano es el extraordinario peso del aceite español.
En 2024 México importó aceite de oliva por valor de 224,1 millones de dólares. España aportó 194,6 millones y alcanzó una cuota del 86,9 %.
| Origen | Cuota en 2024 |
|---|---|
| España | 86,9 % |
| Italia | 8,1 % |
| Estados Unidos | 2,2 % |
| Túnez | 1,7 % |
Italia continúa siendo el único competidor internacional con una presencia relevante, aunque a gran distancia.
Además, alrededor del 80 % de las importaciones corresponde a aceite de oliva virgen y virgen extra, lo que refuerza la consideración del producto como alimento de gama alta dentro del mercado mexicano.
La producción local es todavía muy reducida y se concentra principalmente en Baja California, Sonora y Guanajuato. Como consecuencia, la demanda nacional depende casi completamente del producto importado.
Mucho aceite español se vende sin una marca española visible
El liderazgo de España presenta una particularidad especialmente interesante: una parte importante de ese aceite no llega al consumidor bajo una marca española.
Carbonell, Ybarra, Borges o La Española cuentan con una presencia consolidada, pero también existe un importante volumen comercializado mediante marcas propias de los distribuidores.
Great Value de Walmart, Kirkland de Costco o Member’s Mark de Sam’s Club comercializan aceite procedente de España. También existen marcas mexicanas cuyo aceite tiene origen español.
En 2024, Walmart fue el principal importador de aceite de oliva de México y concentró aproximadamente un 33 % de las importaciones, mientras que Costco representó otro 6,5 %.
El aceite español, por tanto, está presente simultáneamente como producto de marcas españolas reconocibles y como origen de aceites comercializados mediante marcas privadas o locales.
El origen español parte con ventaja, pero ya no basta para diferenciarse
Los alimentos españoles cuentan en México con una imagen asociada a la calidad, la gastronomía y la distinción, especialmente entre consumidores de renta media-alta y alta.
Esta percepción constituye una ventaja evidente para el AOVE. España no necesita presentarse ante el consumidor mexicano como un nuevo país productor: sus aceites llevan años ocupando espacio en supermercados, tiendas especializadas y restauración.
Pero precisamente por eso el origen tiene una capacidad limitada para diferenciar una nueva propuesta.
Cuando el consumidor puede encontrar aceite español bajo marcas conocidas, marcas mexicanas e incluso la enseña del propio supermercado, limitarse a comunicar «Producto de España» difícilmente constituye por sí solo un posicionamiento.
El consumidor potencial se concentra en las rentas más altas
La distribución de la renta resulta especialmente relevante para un producto cuyo precio continúa siendo muy superior al de los aceites vegetales de consumo habitual.
El estudio de mercado de ICEX estimaba que el público potencial del aceite de oliva se concentra aproximadamente en el 30 % de la población con mayores ingresos.
Los datos económicos posteriores refuerzan esa lectura. Según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares, en 2024 el 10 % de los hogares con mayores ingresos concentraba alrededor del 30 % del ingreso corriente total.
Además, Nuevo León, Baja California y Ciudad de México se encuentran entre las entidades con mayores niveles de ingreso medio.

El complejo Mítikah se eleva sobre la extensa trama urbana de Ciudad de México, uno de los principales núcleos de consumidores con mayor capacidad adquisitiva del país. Fotografía de Alexis Parra Rodríguez, con edición de Cara Pública.
Para un AOVE de mayor valor añadido, por tanto, México debe entenderse menos como un mercado homogéneo de más de 130 millones de consumidores y más como un conjunto de núcleos urbanos donde existe capacidad adquisitiva para incorporar productos gourmet a la cesta de compra.
Del formato pequeño gourmet a los cinco litros del club de descuento
La distribución refleja con bastante claridad la segmentación del mercado mexicano del aceite de oliva.
En supermercados e hipermercados predominan los formatos comprendidos aproximadamente entre 300 ml y un litro. En los clubs de descuento aparecen envases de entre dos y cinco litros, donde el precio por litro adquiere mucha más importancia.
En el extremo contrario, tiendas gourmet y supermercados premium comercializan AOVEs diferenciados principalmente en botellas de 250 a 750 ml. En este canal, el aceite puede competir mediante origen, variedad, características sensoriales, presentación y otros atributos capaces de justificar un mayor valor percibido.
La oferta disponible en las principales cadenas mexicanas confirma esta convivencia entre marcas españolas consolidadas, marcas privadas, formatos pequeños y grandes formatos familiares. Pero también recuerda que el mercado potencial se encuentra estrechamente relacionado con las grandes concentraciones urbanas, donde coinciden comercio, restauración y consumidores con perfiles muy diferentes.

Actividad comercial en la calle Francisco I. Madero, uno de los principales ejes peatonales del Centro Histórico de Ciudad de México, con la Torre Latinoamericana al fondo. Fotografía de Froylan Juárez Gaona, con edición de Cara Pública.
Esta diversidad ayuda a entender por qué no existe un único mercado del aceite de oliva en México. Convive una lógica basada en volumen y precio con otra vinculada a especialización, calidad percibida y diferenciación.
Para una nueva marca española, identificar en cuál de estos espacios quiere competir resulta especialmente importante. Intentar ocuparlos todos con la misma propuesta puede diluir aquello que debería hacer reconocible al producto.
Para una nueva marca, las oportunidades se encuentran en los extremos
ICEX describe el mercado mexicano como maduro, concentrado y difícil para nuevos competidores. Marcas consolidadas y grandes distribuidores ocupan buena parte de la oferta disponible.
Las oportunidades identificadas se sitúan fundamentalmente en dos extremos.
Por una parte, grandes volúmenes a precios competitivos destinados a clubs de descuento y al canal HORECA. Es un modelo donde la capacidad productiva, la logística y el precio resultan determinantes y donde las compras pueden depender de licitaciones periódicas.
Por otra, AOVEs premium comercializados en menor volumen pero con mayor margen, destinados a tiendas especializadas, supermercados premium y determinados establecimientos de restauración.
Esta segunda vía puede resultar más coherente para productores que no disponen de capacidad para competir mediante grandes volúmenes. Pero tampoco constituye un acceso sencillo: necesita distribución, posicionamiento y una propuesta suficientemente reconocible frente a marcas que llevan años implantadas.
Cuando se compite por valor, el envase deja de ser secundario
En el segmento premium, la presentación debe ayudar al consumidor a comprender por qué un aceite ocupa una posición distinta.
Origen, variedad, características sensoriales, certificaciones o singularidad del productor pueden contribuir a construir esa percepción, siempre que se comuniquen de manera comprensible y coherente.
Esto no implica necesariamente recurrir a un envase ostentoso. Una botella adecuada, una buena jerarquía de información y una identidad visual reconocible pueden resultar más eficaces que acumular recursos gráficos asociados genéricamente al lujo.
También adquieren sentido los formatos pequeños. Como explicamos en nuestro artículo sobre el AOVE en botellas pequeñas, estos formatos permiten reducir el desembolso inicial y facilitar la prueba de aceites situados por encima del precio habitual.
En un mercado donde el origen español está ampliamente representado, el reto consiste en ofrecer una razón clara para elegir una botella frente a otras que comparten la misma procedencia.
España también promociona el AOVE desde la gastronomía
El desarrollo del mercado no depende exclusivamente del supermercado. Restauración, formación y promoción gastronómica están contribuyendo a ampliar el conocimiento del aceite de oliva y sus formas de consumo.
Un buen ejemplo es Spain Fusion México. Su segunda edición, celebrada en Ciudad de México en mayo de 2026 dentro de la iniciativa Spain Food Nation, registró 602 inscripciones de profesionales relacionados con la importación, distribución, restauración, hostelería, comercio especializado y medios gastronómicos.
El AOVE contó además con presencia específica mediante una cata de aceites de oliva virgen extra españoles dedicada a sus variedades, perfiles sensoriales, origen y aplicaciones gastronómicas.
Este tipo de acciones sitúa al aceite de oliva dentro de una oferta gastronómica española más amplia, junto con vinos, quesos, conservas y otros productos de alto valor añadido.
Para un alimento cuyo consumo doméstico todavía es reducido, enseñar cómo utilizarlo y asociarlo con la gastronomía puede resultar tan importante como conseguir presencia en el lineal.
La restauración amplía las posibilidades comerciales
El canal HORECA constituye otra vía relevante para el aceite de oliva. México dispone de una extensa infraestructura hotelera y de restauración vinculada tanto al consumo local como a una industria turística que se encuentra entre las mayores del mundo.
Destinos como Los Cabos muestran especialmente bien esta dimensión. Durante 2025 recibió cerca de 3,8 millones de visitantes y mantiene algunos de los niveles de ocupación hotelera más elevados de México. A ello se suma una importante concentración de resorts, hoteles y establecimientos gastronómicos orientados al turismo internacional.

Cabo San Lucas forma parte de Los Cabos, uno de los principales destinos turísticos internacionales de México, con una amplia oferta hotelera y gastronómica de alto nivel. Fotografía de Zetong Li, con edición de Cara Pública.
Los Cabos resulta especialmente interesante porque conecta turismo internacional y consumo premium. Su posicionamiento en la hospitalidad de gama alta crea un entorno donde alimentos asociados a calidad, origen y gastronomía pueden encontrar canales de consumo distintos al supermercado convencional.
Las compras de aceite de oliva destinadas a HORECA pueden realizarse mediante importadores-distribuidores especializados o, cuando priman el volumen y el precio, a través de clubs de descuento. En estos últimos casos, el envase tiene normalmente menos importancia porque el producto se utiliza en cocina y no llega a ser visto por el consumidor.
Para un AOVE de mayor valor, sin embargo, la restauración puede desempeñar una función diferente. Un aceite utilizado en mesa, integrado en una propuesta gastronómica o presentado por un establecimiento de prestigio puede convertirse en un punto de descubrimiento y prescripción antes de que el consumidor lo busque posteriormente en una tienda especializada o a través del comercio electrónico.
Esta conexión entre turismo, gastronomía, restauración y retail resulta especialmente valiosa en un mercado donde el aceite de oliva todavía necesita ampliar su cultura de consumo. Para determinadas marcas premium, el HORECA puede ser por tanto algo más que un canal de suministro: puede contribuir también a construir percepción de valor.
Exportar AOVE a México exige adaptar el etiquetado
La comercialización requiere normalmente la intervención de un importador o distribuidor familiarizado con los procedimientos aduaneros, sanitarios y comerciales mexicanos.
México no dispone de una normativa específica dedicada exclusivamente al aceite de oliva, pero el producto debe cumplir las normas generales aplicables a los alimentos preenvasados.
Entre ellas destaca la NOM-051-SCFI/SSA1-2010, que regula la información comercial y sanitaria del etiquetado. También existen disposiciones específicas sobre contenido neto, declaración de cantidad y embalaje.
La operación requiere además la correspondiente documentación comercial y de origen, y el importador debe cumplir los requisitos administrativos establecidos por las autoridades mexicanas.
Antes de desarrollar una implantación comercial relevante también resulta recomendable proteger la marca ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial.
Según ICEX, las partidas de aceite de oliva analizadas pueden beneficiarse de exención arancelaria en el marco comercial entre México y la Unión Europea cuando se cumplen las correspondientes condiciones de origen.
España ya ha conquistado el origen; ahora hay que conquistar la marca
México presenta una combinación poco habitual. España domina ampliamente las importaciones y disfruta de una excelente percepción como origen gastronómico, pero el consumo de aceite de oliva continúa siendo reducido y el mercado está ocupado por marcas y distribuidores muy consolidados.
Por eso, la cuestión no es tanto si existe demanda de aceite español —esa demanda ya existe— como qué puede aportar una nueva marca que el consumidor todavía no encuentre fácilmente.
Para las empresas capaces de competir en volumen existen oportunidades vinculadas a las marcas de distribución, clubs de descuento y HORECA. Para productores más pequeños, la vía más lógica parece encontrarse en aquellos segmentos donde calidad, origen, presentación y una identidad bien construida permitan trabajar con mayor margen.
En este segundo escenario, competir únicamente mediante la procedencia española resulta difícil. España ya está ampliamente representada. La oportunidad consiste en transformar ese origen en una propuesta concreta y reconocible capaz de ocupar un espacio propio.
Como explicamos en nuestro artículo sobre branding para marcas de aceite de oliva, una marca sólida nace de la suma de muchas decisiones acertadas mantenidas en el tiempo. En mercados como México, donde el origen español ya cuenta con reconocimiento, el diseño de la marca, la etiqueta y el packaging adquieren precisamente la función de hacer visible aquello que diferencia a un productor de todos los demás.
En Cara Pública trabajamos con productores y envasadores de aceite de oliva virgen extra en el desarrollo de marcas, etiquetas y envases capaces de trasladar al mercado el valor real de su producto. Si está preparando su entrada en México o necesita revisar cómo se presenta su AOVE ante un consumidor internacional, podemos ayudarle a construir una propuesta coherente con el posicionamiento que busca.

Este artículo ha sido elaborado por Cara Pública con fines informativos y divulgativos. Aunque se ha revisado con atención, su contenido no sustituye el asesoramiento profesional específico en materia legal, normativa, comercial o técnica.
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